carta al profesor
Todos tenemos un "profesor" en nuestras vidas, y de no ser así, es una lástima... deberíamos tenerlo. Cada visita nos deja -me deja- con la extraña sensación de haber perdido algo acostumbrado y a la vez , haber encontrado algo valioso. ¿Será eso lo que se siente al perder un poco de ignorancia ? De cualquier modo resultaría imposible reproducir el texto de esas entrañables entrevistas donde la amabilidad y el buen criterio del otro poseen la magia de hacer que uno se sienta injustificadamente más civilizado. Solo puedo rescatar , y solamente puedo hacerlo en la medida de su valor, las cartas en que he intentado retribuirle, y a la vez que agradecerle, el inmenso regalo de su estima.
Querido Profesor:
En mi última visita me dejó con una intriga picando. Me refiero a eso que mencionó sobre excelencia y espectacularidad. Tiene razón , la primera vez que escuché un muy buen equipo de audio, con aviso de que lo era, el resultado inicial fue desencanto. Tan claramente fui advertido de que ahora sí, finalmente, de una vez por todas iba a saber lo que era un sistema de sonido como Dios manda , que al momento de escucharlo, como suele pasar en estos casos, la realidad se quedó corta. Pero hasta aquí todo es normal. Sucede lo mismo cuando nos recomiendan demasiado una película o un libro.
El tema del equipo de audio es diferente, pareciera que uno se prepara para una cosa y recibe otra. Uno se hace a la idea de algo tremendo y espectacular y por supuesto cae en desilusión cuando lo que escucha es solo infinitamente natural. Pareciera difícil de entender el sencillo concepto de que en este caso naturalidad es sinónimo de fidelidad. En última instancia y evidentemente, nada más alejado de la alta fidelidad que el sonido artificial, por muy bonito que sea. Y como claramente estableció Perogrullo en su momento, lo que nos resulta natural es lo opuesto de lo que nos resulta artificial. Por otra parte, y en la vereda de enfrente de éste razonamiento, su observación de que Perogrullo fue realmente dañino en lo que no puntualizó sigue pareciéndome muy ingeniosa. Si mal no recuerdo, mencionó algo así como que "lo espectacular rara vez reviste excelencia". Entiendo que se refería a espectacular como primo hermano de lo vistoso, no como aquello que desata la emoción. Digo, por aquella eterna frase suya: "Si no emociona, no sirve".
Debo reconocer que me sentí un poco tocado cuando se refirió a los "audiófilos" -desde su melómano punto de vista- como a chicos jugando con un Meccano y luego haciendo un bochinche bárbaro acerca del parecido que los modelos resultantes guardaban con los objetos de la vida real. Creo que con ésta ironía bastaba, no hacía falta reforzarla con aquello de los "agujeritos por todas partes" y menos aún con la comparación entre el Dogo y el Dálmata.
Por mucho que para Ud. los equipos de audio sean un resumen insuficiente o un mero "machete", creo que hace más escándalo del necesario al aclarar, dedo en alto, que cuando era chico y hacía "machetes" para la prueba de historia no solía preocuparse mucho que digamos por la caligrafía. El tener la partitura en la cabeza y utilizar el sonido como mero recordatorio -o como batuta, para no perder el "tempo"- remite, a mi entender, la experiencia al campo de lo meramente intelectual y genera una contradicción de términos con su frase predilecta, aquello de que "Si no emociona...".
A no ser que, a diferencia de nosotros los mortales y en el mismo equipo que Mozart y Salieri sea Ud. capaz de emocionarse con la mera lectura de la partitura. Si, ya sé, cuando se la escuchó muchas veces, se tiene un poquito de memoria y se ama la música de verdad, pequeños milagros de este tipo son posibles. Pero yo no tengo su tiempo ni sus años, quiero una experiencia directa y muy tangible. Como todos mis amigos, no puedo esperar. No tengo tiempo ni paciencia para enlazar cada nota en la memoria y hacerla sonar en mi cabeza, ese espacio entre mis dos orejas.
Permítame decirle sólo una cosa, a modo de disculpa, a modo de puente entre nuestras distancias. Recuerde que alguna vez Ud. me dijo que no hay nada de malo con los juguetes, a condición de que se sepa que se está jugando.
Con el afecto de siempre.
Eduardo

E.C.

www.audioperformance.com.ar