otra intencionada digresión
una pequeña música nocturna
Quería armar un equipo secundario, para escuchar música mientras trabajo, principalmente mp3.
Mi Golden Tube, tocado y acomodado como está suena muy bien, pero el horno no está para quemar válvulas caras, a ritmo de single-ended y para escuchar música de fondo.
Saqué la cuenta de lo que costaría armar lo que yo quería. Finalmente resultó mucha plata y demasiado trajinar.
Estaba dándole vueltas a la cosa, y como suele pasar mucha veces, la solución se presentó sola.
A la noche, suena el teléfono; Jorge. Que "si tenés café puedo darme una vuelta por tu casa"; que "como no".
En medio de la charla, ya terminado el café, me dice:
- Ah...! Apareció un ampli valvular Audinac de los viejos, 15w por canal, es del año '67...
- Lo que vos estás describiendo se llama Audinac 4210, no "de los viejos". Y tiene 12,5 w por canal, no 15.
- No, no.. este es de los últimos que se hicieron de esa serie, tiene frente plateado, no estilo Warhol como el 4210.. Es un CX-2000 y está impecable. Le rehice la fuente y cambié un par de resistores. Todo lo demás está como estaba.
- Mmm... En cuánto me lo vendés?
- Para vos, poca plata...
- Bueno, me lo traigo a casa, lo escucho, y te digo.
Así diciendo y haciendo traje el ampli a casa y al poco tiempo estaba instalado en su sitio y listo para probar.
Si bien era de aspecto mucho más "limpio" y moderno, por lo sobrio, que el 4210, este aparatito tiene un "look" definitivamente personal y un fuerte "aire de familia" Audinac. En el frente se leía "Audinac-Línea Profesional". En esa época, más que nunca, todo lo que aspirase a ser bueno debía ser "línea profesional".
Si las cosas iban bien, el proyecto estaría muy cerca de completarse porque hacía poco me había armado de un par de "NHT Super Cero" que le tomé a Baby Face Matías como parte de un revoleo que hicimos justo al borde del abismo, es decir, cuando en noviembre pasado todos fuimos pobres de nuevo. No son "el" baffle, pero mienten muy bonito, ideales para lo que yo quería.
Para probar el sistemita no hacía falta mucha cosa ni ponerse muy meticuloso. Decidí no darle el más mínimo changüí y conectarlo directamente a la PC que tiene, por ahora, una placa de sonido normalita -bueno, "por ahora" era el año pasado, ahora es bastante definitiva. El sistema quedó armado de ese modo con cables de interconexión de los que vienen gratis con los equipos, e inclusive algún adaptador en el camino, de miniplug a RCA para la salida de línea de la PC y de RCA al DIN de las entradas del Audinac. Finalmente, cable de parlante del que se usa en una buena instalación de Home Theater, pero que no deja de ser "de 10 duros el manojo", como diría Jorgito. Quiero decir que nada de mil dólares el metro par, ni mucho menos.
Una vez conectado y encendido, el equipo calentó durante un rato y mientras fui escuchando una variedad de cosas.
Al cabo de un par de horas, y sin darme cuenta de la forma en que se sucedían los acontecimientos, ya estaba usando el sistema para lo que fué concebido, es decir, estaba trabajando en lo mío en la PC y bastante concentrado en lo que hacía. La música era suave y acompañaba sin molestar. Todo parecía estar muy bien.
Hasta que puse ese disco. Un CD de recopilación de temas de Antonio Carlos Jobim, de la serie Compact Jazz de Verve. Nuevamente, nada del otro mundo.
En realidad, todo pasó cuando puse ese tema en particular, el número 13: "O Amor em Paz".
En ese momento se produjo.
Pero, vamos a ver: digamos que uno recibe por correo, en un sobre, una fotografía de un bosque en otoño y la escanea, luego la procesa con un programa de edición gráfica; que un poco más de brillo y contraste, que menos rojo, una pizca más de verde. Y después, corregir un poco la gama, y vuelta al contraste y a los colores. Al cabo de una hora de trastear con los ajustes es realmente imposible decir que uno "sabe" lo que hizo, en el sentido de saber como capacidad de replicación.
Para colmo, en mi caso ni siquiera sabía con el "saber" que proviene el conocimiento de los procedimientos que uno va implementando, ya que conecté todo a la "sans facon".
Bien, supongamos ahora que luego de horas de sumas algebraicas de rojos, verdes y azules sumados y restados de todos los modos posibles, y sin que obre arte alguno de nuestra parte, de pronto, uno se encuentra con una imagen delante suyo de un realismo tal que uno juraría que esos eran los colores, los tonos y las sombras exactos del bosque original.
Digamos que uno tiene esa certeza, sin ninguna duda. Que no puede siquiera imaginar una combinación de colores, luces y sombras que pudiera resultar más perfecta.
Y entonces, mientras uno está extasiado mirando ese bosque, de un follaje indescriptible, más precisamente la rama de ese árbol de la izquierda, una leve briza la mueve, y uno puede sentir la calidez de esa briza en su cara.
Bueno. Eso pasó. Estaba escribiendo un mail. Y de pronto, comenzó el tema 13; y el tiempo se detuvo.
No, no es una exageración.
Todas las piezas que componen la casualidad de la más absoluta belleza cayeron exactamente en su sitio.
Nunca sabré en que sumó o restó tal o cual componente. Nunca sabré el detalle de la suma algebraica.
Sólo sé que me quedé colgado de la nostalgia infinita que fluía de esos violines y de la conmovedora complejidad armónica de cada nota del piano, todo en el tiempo exacto, ese que no "atrasa" ni "adelanta"... nada. Absolutamente "in the pocket".
No atiné más que a cerrar los ojos y respaldarme lentamente en mi sillón, como temiendo romper el encanto. No lo voy a negar, hice un breve amague de entreabrir los ojos e intentar un inventario: el vaso de Coca por la mitad y a 10 cm del monitor... el teléfono casi encimado con el woofer del baffle izquierdo sobre mi escritorio... pronto me dí cuenta que era inútil. Era ireplicable. Me dediqué a escuchar; y nada más.
Terminó el tema 13. Me despabilé como de un sueño placentero y añorado. Lo puse de nuevo. La magia volvió. Esta vez me entregué de lleno al disfrute. No intenté nada heroico. Solamente me dejé inundar y disfruté.
Lo escuché muchas veces esta noche. Lo estoy escuchando en este momento. Ya un poco más confianzudamente. Ya no temo que la próxima vez que lo ponga vaya a sonar distinto. Es increíble la facilidad con que se fabrican certezas. Sin embargo, el vaso de Coca sigue por la mitad y a 10 cm del monitor. Por las dudas. Yo no lo llamaría cábala, sólo precaución.
No puedo evitar la nostalgia anticipada de saber que seguramente mañana se habrá ido. Lo sé tan claramente como sé que esta noche es mi regalo.
Absoluto, conmovedor y fugaz, como todo lo realmente valioso.
Son las 4:08, ya del sábado.
Voy a poner el tema 13 ahora una vez más. La última quizá antes de que sea "mañana".
Cuando empieza mañana y termina hoy? Donde empieza el arco iris?
Como me gustaría que pudieses escucharlo conmigo.

Podrás decir que lo imaginé. Y yo diré "puede ser".
Pero argumentaré que no se trata de un equipo, ni de su puesta a punto, ni del ambiente donde suena.
Diré que se trata de música.
Y que la música, es un resultado en el alma.

E.C.

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